REHABILITACION DE CIRUGIA DE LIGAMENTO CRUZADO ANTERIOR

Una  de las lesiones más frecuentes en la población son las ligametarias, su incidencia suele incrementarse debido a la práctica común de la actividad deportiva, ya sea de forma profesional o amateur. Los síntomas son muy variados siendo la hemartrosis y la impotencia funcional uno de los más importantes. El objetivo de un programa de rehabilitación luego de una lesión de esta naturaleza,  consiste en conseguir el funcionamiento normal de la rodilla reparada, y reinsertar al atleta a sus actividades deportivas en el menor tiempo posible.

El ligamento cruzado anterior va desde el área prespinal de la cara superior de la extremidad proximal de la tibia, para terminar, en la porción posterior de la superficie interna del cóndilo femoral externo, quien tiene como obligación impedir el desplazamiento anterior de la tibia respecto al fémur, además de controlar la laxitud en varo, valgo y la rotación de la rodilla.

Para su rehabilitación debemos tomar en cuenta: 1) tiempo de la cirugía, y 2) tipo de injerto empleado; ya sea autoinjerto, aloinjerto o injertos sintéticos, siendo el más utilizado el autoinjerto de semitendinoso y grácil, y hueso-tendón-hueso tendón patelar, ya que esto es un factor determinante dentro del proceso de cicatrizacion.

Fase #1: del dia 1-21

1-3 día

Durante los tres primeros días, después de la intervención aplicar bolsas de hielo cada 3 horas durante un máximo de 14 minutos.

Realizar ejercicios de Buerguer Allen (ejercicios músculos venosos) para mejorar edema e inflamación

Mejorar estado muscular con contracciones isométricas de cuádriceps a tolerancia del paciente, iniciando dentro de las primeras  48 a 72 horas.

Realizar deambulación temprana con apoyo parcial asistido por muletas. En algunos casos resulta factible la utilización de rodillera articulada siempre que haya sido prescrito por el cirujano para limitar la amplitud del rango articular y mejorar la cicatrización de la ligamentoplastia (en esta fase hasta 90°)

3-21 día

Promover el aumento del amplitud articular, bien sea mediante el artromotor, o en casa en posición sedente, pierna colgante, realizar ejercicios de flexo-extensión con ayuda de la pierna contraria, a tolerancia del paciente.

Aumentar fuerza y tono muscular del cuádriceps, continuando con los ejercicios de isometría, adicionando el uso de corrientes excitomotoras para mejorar la contractibilidad y fortalecimiento de la musculatura. Además de realizar elevaciones de pierna recta, con una dosificación para esta etapa de 4 series de 12 repeticiones.

Favorecer autonomía y deambulación, con el uso de muletas, aumetando el apoyo pregresivamente, siendo nuestro parámetro limite su capacidad de tolerancia al dolor.

Comenzar a ejercitar propiocepción y equilibrio al final de esta etapa.

 

Fase #2: del dia 21-45

Continuar mejorando la ampitud articular superando los 90° -120° de flexion de rodilla. En esta fase la rodillera articulada debe graduarse hasta 120°.

Mejorar musculatura realizando los mismos ejercicios de la fase anterior, añadiendo sentadillas de 45-90° de ser tolerable (primero con apoyo de la columna vertebral contra la pared, y luego de forma libre), 4 series 15 repeticiones.  Hacer énfasis en ejercicios para lograr la extensión completa de la rodilla.

Trabajar marcha, equilibrio y propiocepción, con el uso de planos inestables (plancha de equilibrio, trampolín o cama elástica), iniciando con apoyo bipodal, y pasar a unipodal (sobre la pierna afecta) en caso de ser posible. Al final de esta fase realizar apoyos dinámicos de la pierna afecta (saltos leves sobre el trampolín) para favorecer el equilibrio de peso corporal en dinámico.

En cuanto a la independencia y funcionalidad podremos eliminar progresivamente el uso de las muletas (empleando una o ninguna al finalizar esta etapa), siempre que la evolución del paciente lo permita, y siendo precavidos de no excederse en los intervalos de marcha.

Fase #3 del dia 45 en adelante.

Trabajar marcha en superficies irregulares.

Aumentar fuerza muscular (ejercicios isométricos, libres, y resistidos).

Mejorar propiocepción, funcionalidad, autonomía  y equilibrio (aumentando la dificultad de los ejercicios de la etapa anterior).

Evaluar iniciar prácticas deportivas de forma progresiva.

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